Te perdono y me libero.

Perdonar es difícil. Algunas veces más que otras. A veces se trata de perdonar a tu pareja y en otras ocasiones se trata de alguien tan cercano como un padre o un hermano. Cada uno tiene un concepto distinto de perdonar. Supongo que es una mezcla entre el perdón que nos enseñan de pequeños, con el que vamos aprendiendo nosotros mismos conforme vamos creciendo.


Si algo sé, es que cada persona perdona a su manera y mientras uno no perdone va acumulando resentimiento hacia esas personas que, con o sin intención, nos han lastimado. Mientras no perdonemos estamos buscando nuestro futuro en el pasado, nuestra luz en la oscuridad. Tenemos que aprender que nunca vamos a encontrar la felicidad en el mismo lugar que la perdimos.


Lo mas difícil que he tenido que hacer es perdonar a alguien que nunca me pidió disculpas. Esto debido a que para mi el concepto de perdonar representaba darle la razón a esa persona o justificar el porqué me hizo daño. También creía que al estar perdonando iba a olvidar lo sucedido, restarle importancia, resignarme o negar el dolor que me causó. La realidad es que todo este tiempo estuve equivocada, ya que aprendí que el perdón es para mi y para nadie más.


¿Por qué la gente es así? ¿por qué hay gente tan retorcida y mala en el mundo? ¿por qué gente tan cercana a ti se atrevería a traicionarte? Estás son preguntas que han estado repetidamente en mi mente. Apareciendo una y otra vez sin respuesta alguna. Creía que al poder responder estas preguntas iba a poder pasar a la siguiente página. Poco a poco me di cuenta que a veces es mejor aprender a cerrar el libro entero. No sabía por donde empezar y decidí empezar por mí.


Decidí sacar a esas personas de mi vida, que aunque no quisiera, estaban dañando mi salud mental y emocional. Decidí sacar todo lo que no fuera necesario en mi vida.

Es necesario que no quede nada que no te ayude, porque luego eso alimenta a nuestros monstruos debajo de la cama. Monstruos que por mucho tiempo estuve alimentando con preguntas sin respuestas, con odio y rencor. Estaba negada a ver que lo único que me iba a liberar era aceptar las cosas tal y como son.


Es esencial no aferrarse a la ira si se quiere sanar. Hay que confiar en que todo el mundo paga por sus acciones de una u otra manera. Hoy puedo decir que perdono a todas esas personas que me han lastimado. Que no quiere decir que ya no me importe el daño sufrido, que me dé igual, que perdone con facilidad o que simplemente quiera actuar como que no pasó nada. Quiere decir que perdono por mi propio bien. Que estoy aprendiendo a sanar lo que sucedió. No es un proceso fácil. Se necesita trabajo y disciplina pero sé que vale la pena la lucha diaria.


Aprendí que la vida es un viaje largo y que como en todo viaje largo los excesos de peso nos hacen caminar más lento y no nos dejan avanzar. Así que me libero de ese exceso de malos pensamientos, rencores y odio. Prefiero viajar ligero. Aprendí del dolor, de las lágrimas y de la traición. Estoy lista para dejar ir. Estoy lista para decir adiós. A ti, que me hiciste daño, te perdono pero eso no significa que acepte tu comportamiento. Te perdono por mí, para poder dejar ir y seguir adelante. Te perdono y me libero.

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