Que superaré todo lo que estaba destinado a destruirme.

Miedo. Esa sensación que aparece cuando percibimos un peligro. Un peligro puede llegar a ser real o imaginario. Y por un largo tiempo le he temido a lo que no puedo ver. Porque mis mayores miedos están dentro de mis recuerdos y emociones. Recuerdos que he evitado y emociones que anteriormente me han consumido. Porque tanto mis recuerdos como emociones han logrado que olvide quien soy. Pero también han logrado que me reconstruya. Que florezca en quien realmente debo ser.

Sé que sanar no es lineal y que todo proceso tiene sus altas y bajas. Que en ocasiones las bajas duelen hasta el alma y me han hecho creer que por un momento se me voy a volver a perder. Porque empiezo a recordar ese dolor que antes me evitaba continuar. Me evitaba ser. Evitaba que floreciera mi mejor versión, llena de felicidad y creatividad. Pero tengo que recordar.

Tengo que recordar que soy más fuertes que mis recuerdos y emociones. Que está bien tener miedo. Porque el miedo nos recuerda que somos humanos. El miedo nos hace estar conscientes de nuestro alrededor. De que a veces podemos perder, o más bien, aprender. Aprender de nuestro pasado y sobre todo que podemos ser fuertes. Aprender y recordar que ser fuertes también significa bajar las armas y pedir ayuda.

Hay que recordar batallas similares. Batallas que por poco me destruyeron. Pero que al final me hicieron más fuerte. Me hicieron levantarme y recrearme por completo. Saber que nada es permanente. Tengo que recordar que no estoy atrapada. Que tengo opciones. Que tengo que recordar quién realmente soy. Que los fantasmas de mi pasado ahí se quedarán. Que superaré todo lo que estaba destinado a destruirme.

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© 2021 por Linda Ramos.

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