Nunca es tarde para amarnos.

Cuando era pequeña nunca logré identificarme físicamente con algún personaje de una serie. Normalmente las mujeres que aparecían en mi pantalla eran delgadas. Y las que llegaban a no serlo eran “la amiga gorda” o “la fea que se ponía a dieta y se volvía popular”. Después fui creciendo y mi cerebro procesó que si no entras en los estándares de belleza pero quieres tener un personaje principal, entonces tienes que ser comediante. Y por mucho tiempo eso fue lo que creí. Por mucho tiempo no vi mi tipo de cuerpo representado de una manera que me hiciera sentir segura de mí misma hasta hace poco…


Recientemente salió una serie llamada Euphoria que trata sobre distintos estudiantes de secundaria y lo que hay detrás de cada uno de ellos. Es una serie muy cruda y real pero toca temas que se deben de hablar. Cada personaje tiene un tema central y el que más me enganchó a mí fue el del personaje llamado Kat interpretado por mi ahora ídola Barbie Ferreira. Y es que Barbie fuera de pantalla es una modelo pluz size y participante del movimiento body positive. Pues bueno, en esta serie se ve el proceso en el que Kat se empodera con su cuerpo y déjenme decirles que es tan fuerte que te hace empoderarte con el tuyo. 


El verse representado en cualquier medio es algo tan valioso. Desde que yo vi a esta modelo y actriz usar ropa que yo jamás creí que fuera para mi “tipo de cuerpo” entendí que en la moda el límite no existe. Que el cabello corto no resalta mis cachetes. Que puedo verme al espejo en ropa interior y pensar “yo también puedo ser modelo” o “mi cuerpo también es sexy”. Entendí algo todos deberíamos de hacerlo desde el momento que nacemos. Nuestro cuerpo no nos define. No tenemos que resaltar otras de nuestras cualidades para “compensar” que no somos delgados. No tenemos que criticar otros cuerpos y menos el nuestro.


Así que hoy te invito a empoderarte y apreciar el arte de tu cuerpo. A buscar personas en las redes que te hagan sentir aceptado. A buscar nuevos estándares de belleza o a simplemente romperlos. Porque a mí me costó 24 años sonreír al ver mis “lonjitas” al espejo y espero que a mi hermana de 13 le cueste menos. No importa tu edad, nunca es tarde para aceptarnos. Nunca es tarde para amarnos.

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