Los humanos también florecemos.

“Me perdí. Y cuando me encontré floreció un hermoso jardín dentro de mí.”


Y vaya que me perdí. Pero, ¿a quién no le ha pasado? Y de eso se trata, de perdernos para poder encontrarnos. De hundirnos para poder impulsarnos. Me he perdido tantas veces que ya perdí la cuenta pero no de las veces que me he encontrado. Lo mejor fue que me encontré de una manera que jamás creí posible. Porque durante este año poco a poco todo empezó a tener sentido. Todas las caídas y heridas tuvieron una razón de ser. Todo tiene un porqué y un para qué. Y además entendí que si mostraba estas cicatrices los demás sabrían que también pueden sanar.


Me encontré y además de sanar también floreció un hermoso jardín. Un jardín que fue cambiando con cada estación del año. Y en cada cambio hubo pérdidas pero también ganancias. Pérdidas de personas que creí que siempre tendría a mi lado pero decidieron partir. Pero entendí que no todos estamos destinados a estar en contacto ni mucho menos en sintonía. La buena noticia es que ahora más que nunca estoy segura que estoy rodeada de las personas indicadas. Personas que también florecen y cuidan de su jardín.


Algo que aprendí fue que al empezar a cuidarte empiezan a surgir cosas inimaginables. Porque nuestro ambiente se empieza a volver más amigable. Nuestro cuerpo empieza a fluir. Y al fluir todo es posible. Al fluir te das cuenta que dentro de ti mismo está la fuerza necesaria para alcanzar cualquier meta. Incluso a veces esa misma fuerza atrae metas que uno nunca tenía planeadas. Eso considero que es lo más hermoso de vivir. De poder terminar un año y sorprendernos de todo lo que “sin querer” hemos logrado.


Hoy puedo decir que todas mis llantos y penas fueron una manera del universo de despertarme. Porque eso me enseñó a saber qué es real y por lo que vale la pena luchar. Y vaya que vale la pena luchar por la felicidad. Porque sé lo que es no querer volver a despertar pero también ahora sé lo que es querer vivir. Porque este año valoré lo que por mucho tiempo estuve buscando sin querer. Porque sin querer y ahora si queriendo, quiero seguir viviendo. Porque este año encontré el amor verdadero. Me encontré a mi y me dejé convertirme en mi mejor versión.


Y claro que siempre vendrán más versiones, pero siempre mejores. Porque una vez que te das cuenta de que puedes cambiar y crecer para bien nada te va a detener. Eso es lo más preciado que me llevo de este año, el cambio. Y estoy ansiosa por este nuevo ciclo que se abre para seguir evolucionando. Una evolución en donde nuevas flores nacerán. Porque de algo estoy segura y es que los humanos también florecemos.

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