Hay que encontrarnos.

Sin nosotros mismos estamos perdidos, pero, ¿cómo nos encontramos? Y no hablo de volar al otro lado del mundo para descubrir quiénes somos. Hablo de conocernos internamente, trabajar lo que creíamos imposible y aceptar lo inaceptable. Hablo de ir a terapia. De hacer este proceso que, sinceramente, solo los valientes nos atrevemos. Hablo de llegar a ese punto en el que te enoja tanto darte cuenta de las cosas y a veces preferirías seguir en negación, pero que también agradeces porque es algo necesario en tu vida.


Como dice Odín Dupeyron, la canasta básica se compone de huevos, leche y terapia. Y vaya que se necesitan muchos huevos. Porque para ser sincera, el ir a terapia es una de las cosas más retadoras que he hecho. No es fácil, porque si lo fuera, todo mundo lo haría. Aunque claro, si todo mundo lo hiciera, las cosas serían muy diferente. Pero bueno, mi punto aquí es hablar sobre esta experiencia que me ha llevado a conocerme mejor a mí misma.


Siempre estamos a una decisión de que nuestra vida sea totalmente diferente. Eso resumiría muy bien lo que ha significado para mi este proceso. Porque en cada sesión tomo una nueva decisión que da un giro nuevo a mi vida. Porque cada vez que comparto algo que nunca creí que fuera importante, me termino dando cuenta del impacto que puede llegar a tener en mi forma de ser.


El ir a terapia es imaginar lo que uno quiere en la cima de una montaña que nunca ha sido escalada. Pero también es el aprender a ir de la mano de alguien que ya sabe el camino. Ese alguien que funciona como un guía y que desde su posición alcanza a ver las cosas que uno tal vez no nota. Es estar con alguien que siempre va a tener una perspectiva diferente de las cosas. Es tener un apoyo cuando nos encontremos cara a cara con nuestros mayores miedos.


Hoy ya me siento cada vez más cerca de la cima. No ha sido fácil, pero definitivamente ha valido la pena. Es un tiempo invertido que me ha generado muchas ganancias. Uno empieza a sanar desde el momento en que se siente escuchado. Florecer toma tiempo, así que dátelo. Enamórate del proceso. Y entendamos que sin nosotros mismos estamos perdidos, así que, hay que encontrarnos.

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