Crecer duele, pero no crecer duele más.

Hace unas semanas escuché esta frase y resonó mucho en mí. Todo el tiempo estamos creciendo, pero debido a todo lo que sucede en nuestro entorno, no somos tan conscientes de esto. Y cuando somos conscientes, creo que ahí es cuando más nos duele. Claro, existen días como nuestro cumpleaños, que nos recuerda que nuevamente pasó un año más de nuestra vida. Pero afortunadamente, ese día lo celebramos. Porque celebramos la vida y añoramos tener más años.


¿Pero por qué también nos duele? Hace poco me gradué de la universidad y desde ese día parece que todo a mi alrededor me recuerda que ya soy una adulta (cuando ya tengo varios años siéndolo) y que ahora se esperan ciertas cosas de mí. Desde tener un trabajo, generar ingresos, lograr grandes cosas y aparte anhelar querer formar una familia. Y duele, duele mucho. Y no solo duele, si no que da mucho miedo el futuro. A veces nos paraliza pensar el que es lo que nos espera.


Y así vamos por la vida, con miedo a crecer. Y se nos olvida que cada quien crece a su propio ritmo. Que a veces parece que uno no avanza. Pero si nos tomamos el tiempo de ver hacia atrás, veremos el gran camino que ya hemos recorrido. Porque todo toma tiempo y se vale a veces querer parar porque crecer también es agotador. Por eso creo que me da un poco de paz saber que me dolería más el no avanzar.


La vida adulta definitivamente no es fácil y la niñez tampoco pero esa es más fácil de endulzar. Aunque claro, la vida adulta tiene muchas recompensas pero tardan en llegar. Si te está doliendo crecer, te comparto que a mí también. Hoy lloré por eso y creo que por eso estoy aquí escribiendo. Necesitaba compartir que a veces mi vaso de la vida adulta se llena y es bueno desahogarse para vaciarlo de vez en cuando. Pero bueno, recuerda que sí, crecer duele, pero no crecer duele más. 

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© 2021 por Linda Ramos.

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